miércoles, 12 de marzo de 2008

Poema del Despertar

Como luz nueva alumbra el despertar
develando un paisaje vivamente:
hermosa gloria de un día singular
creado para mí, el ser naciente.
En el reino de blancas espesuras
es mi felicidad abandonarme,
perderme en el azar, que las dulzuras
arriban por si solas a abrazarme.
Y amable es mi principio en este prado
donde es la soledad quietud dichosa,
y el agua vida lleva en su cuajado
rumor, lenguaje de la fuente umbrosa.
Si todo viene a mí, ¿por qué moverme?
En mi placer, ¿quién puede detenerme?
Casi alcanza mi mano el horizonte
y aun palpa más allá: la maravilla
que reposa detrás del santo monte
y que es Aurora y Paz y nueva Arcilla.
En medio de mi júbilo sabroso
me pongo a musitar palabras ciertas,
palabras que se rinden al gozoso
mundo; palabras son que van abiertas.
Sé que alguien las escucha, que alguien vive...
Con gran pasión imaginé tal gloria,
y sólo hasta hoy el alma la percibe,
tierra donde el amor está en victoria.
Aquí, si por ventura alguno me oye,
no menosprecie el canto mío, no
se oculte tras los árboles; apoye
el vuelo de mi lengua que soy yo.
Pero nadie responde por aquí
donde el día perdura airosamente,
pareciendo ofrecerse solo a mí,
con todo lo que guarda sorprendente.
Y así como el asceta ama su estrecho
vivir, yo amo la fresca soledad
y esta florida libertad por lecho;
pero más amo su serenidad...
Porque todo esto búsqueda es y encuentro;
y es lo que soy, lo que se me ha dado,
aun antes de encontrame en este centro
que esperó por su dueño señalado.
Y así como el asceta busca el santo
reposo, yo también busco sus fines,
no deseando más que un suave canto
que dure en la quietud de estos jardines.
Como luz nueva alumbra el despertar
develando un paisaje vivamente:
gloria agreste del día singular
creado para mí, el ser naciente.
¡Y siento que la luz se arremolina
privando mis sentidos, cegadora!
¡Luz mía! ¡Luz de calma cristalina!
¡Luz buscando en mi sueño, cavadora!


1988

Versos de Alabanza y Gloria al Señor