Vivo ¿no he de esperar más,
creer en toda maravilla,
que cuando inerte en el polvo
de este mundo no sabía?
Corría mi inexistencia.
¿Qué merecimientos tuve
entonces, para ver luz
y una madre y las caricias?
Y así, sin esperar, tuve.
Y hoy, con todas las potencias
de mi alma, ¿no he de esperar
más si he probado la vida?
La lógica del espíritu
me dice: De cierto hay Dios.
lunes 2 de marzo de 2009
Sencillez
Etiquetas:
Dios y poesía,
reflexiones espirituales
domingo 28 de septiembre de 2008
Palabra
Palabra limpia anhelo oír, Señor;
canción maestra dame en versos santos,
y armar así su voz transcrita al mundo
ungiendo amor celeste al gozo humano.
Vivir el canto eterno, Edén airoso,
en nuestro humilde pecho igual que el bardo;
vocablos son de luz en boca santa,
el sabio amor alumbra con el labio.
.
canción maestra dame en versos santos,
y armar así su voz transcrita al mundo
ungiendo amor celeste al gozo humano.
Vivir el canto eterno, Edén airoso,
en nuestro humilde pecho igual que el bardo;
vocablos son de luz en boca santa,
el sabio amor alumbra con el labio.
.
Etiquetas:
asonantes,
poemas de amor espiritual
sábado 20 de septiembre de 2008
Mi esperanza
No pierdo mi esperanza,
no mientras amor vea en las mañanas
de oración, y me hablen sus humanas
voces de redención.
No mientras la razón pueda ensancharse
al solo vislumbrarse
un tanto del amor en nuestras manos.
Cánticos soberanos
saben de la alabanza,
y son en mi cuaderno la esperanza.
31 octubre 1993
no mientras amor vea en las mañanas
de oración, y me hablen sus humanas
voces de redención.
No mientras la razón pueda ensancharse
al solo vislumbrarse
un tanto del amor en nuestras manos.
Cánticos soberanos
saben de la alabanza,
y son en mi cuaderno la esperanza.
31 octubre 1993
Etiquetas:
madrigales,
poemas de amor espiritual,
poemas de esperanza
martes 26 de agosto de 2008
El canto
No fue un dolor perfecto:
faltaron lágrimas para mi sal,
y no alcanzó mi aliento a mi gemido.
Sólo el beso de amor intacto fue
cuando busqué tu frente, todavía
tibia de pensamientos.
Ya no despertarías al llamado
del sol de la mañana, ni tus ojos
verían más las alas de su tarde.
Nunca fue tan real el mundo, madre,
como aquel de la noche de tu ida;
mi vista agigantada por el llanto,
y las horas amargamente sólidas.
Mi corazón temblante de recuerdos
mal musicalizaba la congoja
en la estación de polvo de tu sueño.
¡Gozar tu canto diario,
y entonces, tras un golpe de silencio,
vivir la disonancia de tu muerte!
Tanto regar de llanto el suelo duele,
como gracia sencilla
a un polvo doloroso,
que antes que tu ceniza busca el agua.
.......................* * *
Y hoy, vuelta hechura sobrenatural,
vas a la tierra de misericordia,
al corazón de luz de los que aman.
.
faltaron lágrimas para mi sal,
y no alcanzó mi aliento a mi gemido.
Sólo el beso de amor intacto fue
cuando busqué tu frente, todavía
tibia de pensamientos.
Ya no despertarías al llamado
del sol de la mañana, ni tus ojos
verían más las alas de su tarde.
Nunca fue tan real el mundo, madre,
como aquel de la noche de tu ida;
mi vista agigantada por el llanto,
y las horas amargamente sólidas.
Mi corazón temblante de recuerdos
mal musicalizaba la congoja
en la estación de polvo de tu sueño.
¡Gozar tu canto diario,
y entonces, tras un golpe de silencio,
vivir la disonancia de tu muerte!
Tanto regar de llanto el suelo duele,
como gracia sencilla
a un polvo doloroso,
que antes que tu ceniza busca el agua.
.......................* * *
Y hoy, vuelta hechura sobrenatural,
vas a la tierra de misericordia,
al corazón de luz de los que aman.
.
lunes 25 de agosto de 2008
Sílfides
Juegan en las corrientes de nitrógeno
las mariposas del sueño
y el espíritu del eco.
Espejea una voz inesperada
cual amor en el rostro del amado.
Esperanza es retorno del futuro;
es el Sol en la faz de los planetas;
es el canto de los cielos
en el canto de los niños.
Se adivinan los cuerpos de nitrógeno
besando nuestros cuerpos.
29-05-2001
las mariposas del sueño
y el espíritu del eco.
Espejea una voz inesperada
cual amor en el rostro del amado.
Esperanza es retorno del futuro;
es el Sol en la faz de los planetas;
es el canto de los cielos
en el canto de los niños.
Se adivinan los cuerpos de nitrógeno
besando nuestros cuerpos.
29-05-2001
Etiquetas:
niños,
poemas varios
domingo 24 de agosto de 2008
El viento
Tacto magnífico, aviva
el cántico de los hombres;
álzalo sobre tus alas
en la nave de la noche.
Toda potestad del eco,
toda de la resonancia;
ama la generación
del ruiseñor tu palabra.
Es amor aire que aspiran
los santos del paraíso;
alegría respirable
por los innúmeros siglos.
.
el cántico de los hombres;
álzalo sobre tus alas
en la nave de la noche.
Toda potestad del eco,
toda de la resonancia;
ama la generación
del ruiseñor tu palabra.
Es amor aire que aspiran
los santos del paraíso;
alegría respirable
por los innúmeros siglos.
.
Etiquetas:
asonantes
A los animales muertos
¿Quién hace caso de ellos,
o quién se ha conmovido a su dolor,
cuando con sus resuellos
luchan por el vigor
que les huye, como huye nuestro amor?
En su lentitud mueren,
mirando ya con ojos diferentes,
con ojos que nos hieren;
mientras supervivientes
horas pasan e irrumpen aparentes.
Algo en su soledad
es mejor que en lo nuestro acompañados,
ya que con suavidad
buscan otros estados
sin que sean alguna vez llorados.
No hay que los detenga,
ni lágrimas, ni manos, ni oraciones;
irán a donde venga
la luz, sin las canciones
fúnebres, últimas que oyen los varones.
Pero en su libertad
acaso no conozcan el amor,
sólo una eternidad
que se abre rededor
y allí, quizá, un propósito ulterior.
Tendrán su paraíso
para ellos y comprenderán la vida.
Oirán de Quien los hizo,
y en su santa guarida
ofrecerán al hombre bienvenida.
o quién se ha conmovido a su dolor,
cuando con sus resuellos
luchan por el vigor
que les huye, como huye nuestro amor?
En su lentitud mueren,
mirando ya con ojos diferentes,
con ojos que nos hieren;
mientras supervivientes
horas pasan e irrumpen aparentes.
Algo en su soledad
es mejor que en lo nuestro acompañados,
ya que con suavidad
buscan otros estados
sin que sean alguna vez llorados.
No hay que los detenga,
ni lágrimas, ni manos, ni oraciones;
irán a donde venga
la luz, sin las canciones
fúnebres, últimas que oyen los varones.
Pero en su libertad
acaso no conozcan el amor,
sólo una eternidad
que se abre rededor
y allí, quizá, un propósito ulterior.
Tendrán su paraíso
para ellos y comprenderán la vida.
Oirán de Quien los hizo,
y en su santa guarida
ofrecerán al hombre bienvenida.
Etiquetas:
liras,
poemas del morir
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



