Tal vez responderán si así lo quieren.
Tú solo aguarda por los días buenos:
tus caminos en paz, tus labios llenos
de alabanza a las cosas que no mueren.
Has de notarlo cuando se encendieren
en las alturas soles como truenos;
míralos con los ojos más serenos
que ojalá por amor se humedecieren.
Ellos han de acudir el día dado
para mostrarte lo que el mundo ignora
y desde siempre ha durado oculto.
Y por la autoridad del Dios amado
—a quien ruegas a tiempo y a deshora—
vendrán por fin al corazón adulto.
19/12/91
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