Aquel que ama al Señor,
¿no ama también al pueblo de sus salvos?
El que se alegra en Dios,
¿no se alegra también en los creyentes?
Y mi Dios que preside en las estrellas
y señorea en alto sobre príncipes,
¿se olvidará sin más de los pequeños?
¿Será un día posible que el Señor
olvide a sus criaturas más humildes?
Mi Señor da a quien quiere
de su misericordia
y nunca menosprecia lo pequeño,
ya que hay maravillas
en todo lo creado,
desde un monumental
enjambre de galaxias
hasta en el tenue vuelo
de un átomo en el aire.
Porque mirar un átomo
haría nuestro asombro
igual al de un rubor insospechado.
Sumo a mi admiración
la gloria de su gracia.
Mi corazón se endulza en la alegría
y en la gran abundancia
de la misericordia
que muestra mi Señor
para la paz sin fin de sus pequeños.
11 de diciembre de 2016