Ya que alegran al mundo las riquezas,
gócese pues, el hombre en sus quimeras
y alégrese también todo soberbio
que gusta andar con manto de oro y púrpura.
Gócese, en cambio, el niño al contemplar
el tesoro que encuentra entre las ramas,
la gracia introvertida de un insecto,
la más sencilla hechura sobre el polvo.
Y hay un máximo goce en el camino
que no relumbra en plata ni fortuna,
pero se advierte al rango de los labios
que gloria dan a Dios por su Creación.
13/10/93