Cuánta bondad, Señor, para el perdido:
nunca agotaste tu paciencia en él,
le retiraste por amor la hiel
cuando venía a ti arrepentido.
Por tanto bien fue el hombre conmovido,
permaneciste dulcemente fiel
tornando el gran desierto en un vergel
para esperanza del varón caído.
La mayor gracia fue para el final:
vida eterna, Señor, en tu presencia
y un contento que crece cada día.
Bendiciones vendrán en torrencial,
ya se siente en el aire la inminencia
del perfecto sabor de la alegría.
27 de febrero de 2026