viernes 18 de abril de 2008

La Roca

Hubo la noche sola entre la lluvia,
cuando Dios se encontraba triste, viendo
a los obscuros hijos de los hombres,
anhelosos de la mañana rubia.
Y la esperanza se iba diluyendo,
entre los que buscaban santos nombres
para las nuevas cosas que serían.
Se acrecentraban sombras en la niebla
y en el silencio oíanse sollozos.
Mas para Dios los hombres vivirían;
los hombres nuevos al lugar que puebla
sólo amor, entre cantos deliciosos.
Se edificaba la escalera santa
con la Piedra de un día venidero.

¡Piedra, carne y Espíritu gozosos,
son el Dios que nos canta
más allá de un incógnito madero!
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